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HISTORIA DE LA IGLESIA

LA IGLESIA EN EL IMPERIO ROMANO PAGANO (hasta 313 d. C.)

EL BAUTISMO Y EL CATECUMENADO

Este período comprende tres momentos: el bautismo antes de la institución catecumenal; el nacimiento y cénit del catecumenado; y el declive de dicha institución.

1. El bautismo antes del nacimiento del catecumenado

A) Comunidades apostólicas

El amplio dossier escriturístico sobre el Bautismo no presenta un esquema completo ni fijo de la liturgia del primer sacramento de la iniciación cristiana, tal y como se practicaba en las primeras comunidades fundadas por los Apóstoles. Más aún, no hay ni un solo texto donde se describa toda la liturgia bautismal. Sin embargo, es posible reconstruir los rasgos fundamentales tanto del rito propiamente tal como del prebautismo y posbautismo.

El prebautismo. Desde los mismos orígenes el Bautismo aparece como el término de la evangelización, bien se trate de judíos (Hech. 2, 4 ss), samaritanos (Hech. 8, 35-39) o de los prosélitos (Hech. 8, 12.16.38). La evangelización tenía como contenido fundamental el anuncio kerigmático de la persona y obra de Jesucristo, especialmente de su muerte y resurrección salvadoras, y suscitaba la fe y el arrepentimiento de los pecados. Las líneas maestras de este kerigma debieron fijarse muy pronto en una especie de prontuario, de acuerdo con el esquema de Hechos 2, 14-40; 3, 12-25; 8, 31-38.

¿Se puede constatar la existencia del catecumenado en esta etapa apostólica? Parece que la respuesta adecuada es ésta: el catecumenado existe como realidad vivida, no como institución codificada. La Iglesia, en efecto, exigía dos condiciones fundamentales para conceder el Bautismo: la fe y la conversión, que suso taba y llevaba a plenitud mediante la predicación kerigmática; una cierta preparación catequética; la renuncia a la idolatría; la aceptación de la fraternidad cristiana. Sin embargo, estos elementos no serán institucionalizados hasta el siglo II.

El bautismo. Siguiendo el mandato del Señor (Mt. 28,19), los Apóstoles culminan el proceso evangelizados bautizando «en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo». El rito bautismal es muy simple: inmersión —total o parcial— en agua viva, con la invocación epiclética de las tres divinas Personas. No está definitivamente resuelto si la praxis primitiva consistía o no en una inmersión. Los que se inclinan por una respuesta afirmativa aducen como argumentos el modo con que Jesucristo fue bautizado (Mt. 3, 13-17; Mc. 1, 9-10; Lc. 3, 21-22), la descripción del rito como lavado (1 Cor. 6, 11) o baño (Ef. 5, 26) y el simbolismo de la sepultura (Rm. 6, 4; Col. 2, 12). Otros, en cambio, no se atreven a afirmar si son realidades teológicas o litúrgicas el lavado- baño, el descender-ascender, etc., que aparecen sobre todo en San Pablo.

En cambio, hoy es unánimemente rechazada la tesis racionalista de la teología liberal, que hace derivar el Bautismo cristiano de la praxis gnóstica o de las religiones mistéricas, pues arranca de planteamientos falsos y anticientíficos. El contexto, en efecto, del Bautismo cristiano no es el sostenido por los racionalistas sino el ambiente judío, del que proceden tanto Jesús corno sus discípulos y la casi totalidad de los primeros cristianos. Ya en el Antiguo Testamento son abundantes los textos que se refieren a baños y lavatorios rituales de objetos y personas. En tiempos de Jesucristo es posible que todavía existiese al bautismo de los prosélitos y existían, ciertamente, tanto el de la secta de Qumrán como el del Bautista. El mismo Jesucristo recibió el bautismo de Juan, aunque como signo de su mesianidad.

También hoy es ya un dato adquirido el hecho de que la aparición del Bautismo cristiano en un contexto judío bautismal no hipoteca su originalidad. De hecho, el bautismo judío consistía en autoabluciones y era normalmente reiterable; en cuanto al bautismo de los prosélitos no hay unanimidad de que existiera en tiempos de Cristo y, además, formaba parte de un conjunto de ritos: la circuncisión, el baño de inmersión y el sacrificio; el de Qumrán era reiterable; y el de Juan no agregaba al nuevo Pueblo de Dios, no se confería en el nombre de Jesús, no consagraba a la Trinidad ni implicaba la donación del Espíritu Santo, características propias del Bautismo cristiano.

El ministro suele ser un Apóstol (Hech. 2, 41; 4, 4); pero también bautizan los diáconos (Hech. 8, 12-16) o un encargado (1 Cor. 1, 14). Esto demuestra que lo decisivo no era la persona que bautizaba sino en el nombre de quien se confería el Bautismo.

El posbautismo. Al Bautismo sigue, inmediatamente (Hech. 19, 1-7) o con un intervalo de tiempo (Hech. 8, 14-17), el rito de la imposición de manos (Hech. 8, 14-17), realizado por un apóstol (Ib.). Sigue también la agregación a la comunidad cristiana y la participación asidua en la Eucaristía (Hech. 2, 42-46); la asistencia a la instrucción de los Apóstoles (Hech. 2, 46), sea ésta de tipo mistagógico (1 Pd), catequético (cartas en general) u homilético (Hech. 20, 7-11), y la práctica fervorosa de la nueva vida originada en el Bautismo (Hech. 2, 46; 4, 32-37), que pronto incluye la persecución (Hech. 8, 1;19, 23) y hasta el mismo martirio (Hech. 7, 58).

En el Nuevo Testamento hay, pues, cuatro grandes coordenadas bautismales: predicación, fe, Bautismo, nueva vida.

B) Comunidades judeo-cristianas

a) La Didaché

Según la Didaché (7, 1-4), que presenta una de las descripciones más antiguas del rito bautismal, antes del Bautismo existe: a) una catequesis sobre las dos vías y b) un ayuno del bautizando, del ministro y de algunos miembros de la comunidad cristiana. El rito bautismal es en agua viva y por inmersión (al estilo del de Juan Bautista). Excepcionalmente se admite la ablución en agua "no viva". En uno y otro caso se emplea la invocación trinitaria. Se alude a la triple inmersión. Conviene notar, sin embargo, que si la catequesis previa, la fórmula trinitaria y el agua viva son elementos tradicionales, las precisiones sobre el agua (viva-no viva, fría-caliente) y el modo de bautizar (inmersión-ablución), parece que apuntan a un estado de cosas bastante evolucionado y de origen tardío.

b) Las Odas de Salomón

Las Odas de Salomón —conjunto de cuarenta y dos himnos del siglo II, y probablemente de la primera mitad— aluden frecuentemente a la doctrina y liturgia del Bautismo. Desde el punto de vista ritual, los puntos más destacables son éstos: existe una catequesis bautismal (4, 25, 36); el Bautismo es por inmersión, la cual se concibe como un descenso a los infiernos y una liberación de la muerte; las aguas bautismales son aguas vivas o el lugar donde Cristo venció al demonio. Se habla frecuentemente de la sfragis (8, 16), la cual puede entenderse tanto en sentido teológico como litúrgico, que es el más probable. La mención de la corona (1, 15, 23) quizás haga alusión a un rito posbautismal, que habría desaparecido posteriormente por temor a interpretaciones idolátricas. Esa corona simboliza a Cristo. Hay alusiones a una vestidura blanca.

Las Odas sugieren la existencia de una catequesis mistagógico, en la que recurren temas bíblicos muy conocidos: el Mar Rojo, el Templo, la Circuncisión (39, 9-10; 4, 3; 11, 2; 25, 8). La Didaché y las Odas muestran una clara continuidad y un progreso respecto a los datos neotestamentarios.

C) Comunidades de la gentilidad

a) Padres Apostólicos

Los Padres Apostólicos no ignoran el Bautismo, pero hablan muy poco de él en forma explícita. San Ignacio de Antioquía, en la carta a los Magnesios (5, 2), habla de la sfragis; y en la de los Efesios (18, 2), de ungüentos. No hay que descartar que se trate de ritos bautismales, aunque pueden referirse a la teología del Bautismo.

b) San Justino

San Justino nos ha dejado un precioso testimonio sobre la praxis bautismal de la iglesia romana (quizás también de las Iglesias de Oriente), que siendo substancialmente idéntico al de la época apostólica, ha sufrido algunas ampliaciones. Antes del Bautismo hay una preparación remota, que incluye el anuncio kerigmático de la persona y obra de Cristo, una respuesta de fe y la promesa de vida cristiana; y una preparación próxima de carácter ascético-litúrgico en la que existe una instrucción del bautizado, y el ayuno de éste y de la comunidad cristiana (Ap. I, 61, 2). Está más desarrollada la renuncia a Satanás y la adhesión a Cristo (Ap. I, 49, 5). El Bautismo —que se administra en un «lugar donde hay agua» (Ap. I, 61, 3), probablemente antes del amanecer del domingo (Ap. 1,67, 3)— es por inmersión y con la invocación trinitaria (Ap. I, 65, 3).

Al Bautismo sigue la participación inmediata en la Eucaristía, junto con los demás miembros de la comunidad cristiana (Ap. I, 65) y, posteriormente, la participación asidua en la Eucaristía dominical; una catequesis permanente; la vivencia de la caridad fraterna (Ap. I, 67, 1-3); y el testimonio de vida cristiana, sencillo pero coherente (Carta a Diogneto, V-VI), que con frecuencia provoca la persecución y el martirio (Ibidem).

2. El nacimiento y cénit del catecumenado

Según el testimonio de Tertuliano, Orígenes y la Traditio de Hipólito, a finales del siglo II y principios del III, la liturgia bautismal evoluciona con gran pujanza y adquiere un notable desarrollo.

A. Tertuliano (155-c. 220)

Tertuliano habla del catecúmeno —es «qui venit ad Chrístum, ad Ecclesiam»— como distinto del fiel; incluso emplea el término auditor y audiens, aunque no indica con ellos diversas categorías de catecúmenos. Existen ya los doctores audientium o encargados de enseñar a los catecúmenos. Esta preparación catequética es tan importante, que Tertuliano excluye a los niños del Bautismo por su incapacidad para practicarla. Durante el catecumenado tiene lugar la renuncia a Satanás.

Aunque Tertuliano expone la oración dominical, no hay ningún indicio de un rito catecumenal consistente en la «traditio orationis dominicae». En cambio, hay constancia de que el catecúmeno participaba en la liturgia de la Palabra, y se entregaba a la oración, ayunos y vigilias8. Se le exigía una seria vida moral (diversos capítulos del De Praescpt, especialmente el VI). Incluso no hay que descartar una explícita abjuración de la idolatría.

El rito bautismal —descrito en el De Baptismo 6 y comentado en el De Baptismo 7.8— ha sufrido notables ampliaciones:

—Renuncia a Satanás.

—Triple inmersión y triple interrogación, a la que el candidato responde creo (es la primera atestación explícita sobre la confesión de fe, en la cual se expresa la regla o símbolo de la fe).

—Unción posbautismal, con sentido sacerdotal y real (De Bapt. 7, 1-2).

—Marca de la tau, simbolizando la pertenencia del bautizado a Cristo y su alistamiento en el ejército de Dios (Ad Marc. 3, 22).

—Imposición de las manos (Confirmación). Aunque Bautismo y Confirmación son sacramentos distintos, forman parte de un todo: la iniciación cristiana.

Son ministros del Bautismo el obispo, el presbítero y el diácono, y los laicos en caso de necesidad. El Bautismo puede conferirse en cualquier tiempo, pero es Pascua el día bautismal por antonomasia.

Después del Bautismo hay que seguir velando y luchando para vivir la nueva vida.

B. Orígenes (185-253)

En tiempo de Orígenes comienza a organizarse el catecumenado en Oriente. De él forma parte el «grupo especial de los que han entrado recientemente y todavía no han recibido el sacramento de la purificación».

El catecumenado incluye dos aspectos complementarios: la conversión moral y el conocimiento de ios primeros elementos de la fe. Estos «primeros elementos» —que estaban reunidos en un símbolo de fe y que, en fórmulas breves, contenían una síntesis de todo el misterio cristiano— eran la base del programa catequético y preparaban la fe bautismal.

El rito del Bautismo comprendía una renuncia a Satanás y un compromiso —mediante la recitación del símbolo— de seguir a Cristo; triple interrogación (una por cada persona trinitaria) y triple inmersión; y una unción posbautismal con óleo.

Después del Bautismo los neófitos recibían la mistagogia.

C. La Tradición Apostólica (c. 215)

La Tradición Apostólica presenta un estado de cosas muy desarrollado, según se desprende de los cap. 16-21. El esquema bautismal es éste:

A) Examen previo de «moralidad de vida».

B) Inscripción del nombre y entrada en el catecumenado, que tiene dos estadios: el audientado y el competentado.

C) Los audientes —o grupo que se prepara remotamente al Bautismo— se dedican a la formación doctrinal durante tres años (a no ser que haya un aprovechamiento especial, en cuyo caso se abrevia) y a la conversión moral. Formando un grupo aparte, participan en la liturgia de la Palabra de la Misa, sin saludarse con el ósculo de paz. Al final de este período sufren un examen de vida cristiana, en el que es decisivo el testimonio de quienes han presentado al catecúmeno. Si el resultado es positivo, pasan al grupo de los electi

D) Los electi —o grupo de catecúmenos que se preparan a recibir el Bautismo en la próxima Vigilia Pascual— «oyen el Evangelio» y reciben diariamente una imposición de manos de carácter exorcístico. Los catecúmenos reciben un baño especial el jueves y ayunan el viernes anterior a la Pascua. El sábado por la mañana hay una reunión en el lugar del bautismo, presidida por el obispo, con oración e imposición de manos del obispo sobre los catecúmenos arrodillados, exuflación en el rostro y signación en la frente, oídos y narices (con sentido de exorcismo).

E) Al final de la Vigilia Pascual —«en el momento en que el galo canta»— el catecúmeno recibe los sacramentos de la iniciación cristiana. Se procede así:

—Bendición de la fuente bautismal.
—Renuncia a Satanás en forma afirmativa y con una sola fórmula.
—Unción con el óleo del exorcismo.
—Triple inmersión y triple profesión de fe (en forma interrogativa).
—Unción con el óleo de la «acción de gracias» realizada por el presbítero.
Sigue la Confirmación —que es un rito muy simple— y la participación en la Eucaristía, en la que los neófitos comulgan bajo las dos especies.

La Tradición Apostólica concluye con estas palabras:

Después de todo esto, «cada uno se aplicará a hacer obras buenas, a agradar a Dios, a llevar una vida digna y a ser celoso por la Iglesia, haciendo lo que ha aprendido y progresando en la piedad».

D. Teología bautismal

En la reflexión teológica, estimulada por la catequesis, el Bautismo aparece como un sacramento que: a) purifica de los pecados y permite participar en la Eucaristía; b) arranca de la muerte y del error; y es: c) muerte al pecado y curación del alma; d) nueva creación y baño regenerativo; e) don del Espíritu; f) transformación interior y recuperación de la imagen perdida; g) iluminación en Cristo y en el Espíritu y «sello» de la fe para la vida eterna; i) liberación y configuración con Cristo; h) e incorporación a la comunidad.

3. Declive del catecumenado (ss. IV in fine-V)

Con el triunfo definitivo de la Iglesia, tras la paz constantiniana, las conversiones se hacen relativamente masivas y se impone, más que nunca, un período de preparación sólida antes de recibir el Bautismo. Con ello el catecumenado cobra, en el plano teórico, progresiva importancia. Sin embargo, en la práctica inicia su declive, ya que el excesivo número de candidatos al Bautismo hace que la Iglesia se preocupe no tanto de los simples catecúmenos cuanto de los que van a recibir pronto Las aguas bautismales (electi/competentes). Además, muchos preferían dilatarlo indefinidamente y no dar el paso.